Final Fantasy VII, considerada por la mayoría como una de las creaciones más importantes en la historia del videojuego tuvo un pequeño espacio para el protagonismo de las motos. Los que hayan jugado a él en Playstation todavía recordarán la huida del Edificio Shinra a lomos de una custom futurista.
Después de la molona escena CGI los programadores de Square te proponían un divertido minijuego en el que tenías que acabar con tus perseguidores (también motorizados) a golpe de mandoble. Depende de como lo hicieras así se veía dañado tu grupo al comienzo de la batalla contra Motorball, el jefe de final de fase.
Los gráficos eran de los más sencillotes, con unas texturas muy limitadas y acabado superdeformed, pero dentro del conjunto funcionaba muy bien como un extra simpático.
Por si te quedabas con ganas de más podías volver a jugar a él en el virtual parque de atracciones de Gold Saucer, a modo de recreativa por unos cuantos Gil, la moneda del juego.

Yo no me vicié mucho con esta versión, pero sí que he visto la película “Final Fantasy VII: Advent Children” y me moló muchísimo. Es la continuación del videojuego, cuando todo termina.
Y al juego que estuve viciado hace muuuucho tiempo, cuando vivía en Irlanda, fue Final Fantasy VIII, que tiene un par de escenas de moto, creo, pero que me pareció buenísimo.
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