Bueno, como este año no he podido ir a los Pingüinos, al final me lo he montado por mi cuenta para disfrutar de la moto este fin de semana.
El viernes por la tarde salí directo con destino a un rinconcito a pie de la sierra segoviana en coche y con la familia. Durante el viaje sólo vi a un motero lidiando contra el viento y la nieve con su Yamaha Dragstar, qué moral.
Llegamos poco antes de anochecer y estaba todo hasta arriba de nieve, así que, nada más parar el coche lo primero que hice fue lo que cualquiera de vosotros habría hecho: Salir a buscar al Cuñao para darnos una vueltecita con las pit-cross…
Fue una pasada, al principio un poco complicado porque había una zona con nieve pisada que estaba un poco congelada y la rueda delantera hacía lo que quería. Luego empezamos a movernos por nieve sin pisar y decidimos subir por un cuestón que en seco es precioso… Imaginad con nieve.
Antes de llegar a la subida sorteamos un arroyo y cruzamos por zonas bacheadas llenas de trampas de nieve en las que nos quedábamos clavados. Las ruedas se hundían más de la mitad en algunos puntos. ¡Ah!, el freno delantero dejó de hacer su función a los pocos metros de salir, claro.
Subimos el cuestón, una pasada, y arriba vimos que ya era casi de noche. Además yo estaba helado porque ni me había dado tiempo a cambiarme de ropa y llevaba los vaqueros empapados y congelados.
Bajamos rumbo a casa y de repente me entró el calentón. En un llano abrí gas como un poseso sabiendo que lo más normal sería caerse… Y así fue. Restregón, risas y palanca del freno trasero doblada. No pasa ná, sabíamos a lo que veníamos. Lo malo fue que arranqué la moto, metí segunda (la primera es cortísima) y a los 3 o 4 metros me pegué un galletón sin comerlo ni beberlo. La moto encima de la pierna (cómo pesa la enana), el manillar torcido y la palanca del freno trasero hecha un higo.
El Cuñao me dijo: ‘¿Pero qué haces?’, porque el tío no se podía creer que me hubiese caído de esa manera tan tonta. La explicación sigo sin tenerla muy clara. Era una zona con nieve blanda, en algunos puntos dura y con algo de hielo debajo por los charcos. También cuenta que llevo las ruedas devoradas por hacer el borrico en asfalto y los tacos de los costados desaparecieron hace mucho.
Hablando con mi mecánico de confianza cuando me reparaba la pit-cross, me dijo que lo más probable es que la caída fuese provocada porque:
“Claro, hay mussa nieve, hace musso frío y te escurres con la moto y te caes al suelo y te haces pupa”.
Sabias palabras, este tío además de buen mecánico sabe latín.




Qué bueno, pena de no haber tenido más tiempo, aunque de haber seguido así no sé si hubieras llegado con el manillar en una mano y el escape en la otra, y es que tienes que hacer caso a tu mecánico, que sabe musso y comprate unas cubiertas ya que te vas a matar…