Voy a aprovechar que ha caído una pequeña tormenta de verano en Madrid para explicar la necesidad de la lluvia en las carreteras en época estival. Aunque parezca una contradicción, las tormentas en verano nos vienen muy bien a los moteros y a cualquier usuario de las vías públicas españolas.
La razón principal de esta necesidad es la suciedad acumulada en las carreteras y en las marcas viales. Éstas se van llenando de partículas del humo de los escapes de los vehículos, convirtiéndolas en elementos tan resbaladizos como si fueran unas placas de hielo.
Cuando pasas por encima de una marca vial, ¿no notas como si la rueda perdiese todo contacto con el suelo? Pues esa grasa, carbonilla de los escapes, y demás suciedad es la culpable.
El viernes pasado, yendo a los Red Bull X-Fighters, iba por la carretera que suelo ir a diario a trabajar. Iba con un poco de prisa, así que decidí darle un poco más de candela a la moto. Se me quitaron las ganas. Entré en la rotonda bien, cargando más peso a la derecha en la tumbada, con lo que el lateral del neumático delantero perdió adherencia al pisar la marca vial del suelo y me hizo un extraño, que si llega a durar una décima de segundo más, me voy al suelo seguro. Menos mal que el neumático enganchó carretera de nuevo y pude continuar mi camino. Eso sí, más tranquilo que un perezoso en verano.
En esos momentos es cuando te das cuenta de que un poco de lluvia en verano no nos viene mal. La lluvia se lleva toda esa suciedad y limpia las carreteras. Hoy me he traído la moto para trabajar. En cuanto he visto que se ha puesto a llover, me he alegrado un montón por el camino de vuelta a casa. Además, que el sol ha salido rápidamente y las carreteras se secarán para cuando salga del trabajo.

Y gasoil y aceite y goma y líquido de frenos y refrigerante y orina de taxista y y y… Mejor ni pensar en todo lo que hay sobre el asfalto porque si no, no sacaríamos la moto.